lunes, junio 09, 2014

Un resultado positivo


José Lorenzo Fermín, Jordi Veras Rodríguez y María Alejandra Veras Pola
Muchas veces la lucha en algún proceso legal o social, se puede reducir o resumir en un solo día. Esto lo decimos porque, desde el 2 de junio del 2010, del hecho del atentado, aparte de haber sobrevivido a los disparos; la investigación para dar con los imputados; la recuperación física y emocional; la difamación y finalmente el largo y tedioso proceso, retardado básicamente por la decisión inequívoca de los imputados y una actitud desleal permanente; se resumen en un solo momento, la espera de que al instante del cierre de los debates y de las conclusiones pueda venir una decisión y sentencia ejemplar, que Dios permita que esta sea el producto de la gran cantidad de pruebas que de forma lógica, directa y circunstancial se han aportado por el órgano acusador, como el Ministerio Público, y las nuestras, como víctima, querellante y actor civil. Esa que pueda ser utilizada mañana como un precedente en especie de decálogo dejado por la ayuda divina, para que sea de instrumento en favor de otras posibles víctimas que sean afectadas, al igual como hace cuatro años lo fuimos nosotros.
     
Cuando hemos indicado una y otra vez, el elemento ejemplar, cubre, el que siempre pretendemos desde un instante, que fueran atrapados los responsables, no cualquiera fruto de la desesperación o de la salida del paso, aunque nos costará tiempo, y así fue. Solamente el Todopoderoso podía ser quien logrará que se combinará la investigación y el esfuerzo, con la diosidencia, porque precisamente entre la búsqueda de otro crimen, se pudo determinar la ligazón criminal con nuestro caso. Fue la tarea ardua de mucha gente y que se pudiera cuidar que todas las pruebas se obtuvieran de forma legal, cuidando el proceso, sabiendo a qué tipo de imputados nos enfrentábamos y todo lo que detrás de ellos pudiesen estar amenazando para evitar que pudiésemos llegar a un final. Es una decisión que reivindique la lucha de la sociedad contra el crimen organizado. Que todo el que intente nueva vez, acometer un hecho de esta naturaleza, desde la cárcel o fuera de ella, en la modalidad de sicariato, pueda estar consciente que será enfrentado por una sociedad que no está dispuesta a dejarse vencer por el desorden, la delincuencia y el crimen organizado.
     
Bien lo merece, no ya quien escribe, lesionado permanentemente, o nuestra familia de forma indirecta, sino lo mejor del pueblo dominicano, que ha asumido y se ha visto en el propio espejo con nuestro hecho; de recibir una decisión ejemplar. Porque nadie que hoy realiza su trabajo de forma responsable, seria y honesta, pudiese estar tranquila, sino recibe o tiene un precedente en cuál verse para que pueda ser útil al momento de entenderlo como sanción y por qué no, como esperanza de que no todo está perdido y si es posible creer en que el bien, al final triunfa sobre el mal. 
     
Hemos visto en esta larga batalla como no sólo la maldad y la maledicencia de los imputados ha sido puesta de manifiesta, sino como la perversidad se hizo presente para haber hecho más pesada la lucha y mostrando hasta dónde puede llegar el corazón de ciertas personas, por las razones más bajas. Que esos imputados y la clase criminal, no anda sola, se hace acompañar de quienes hacen creer que son parte de los que desean mejorar este entorno social, pero que sin embargo, son instrumentos fáciles para llevar a cabo los fines más bajos y contribuyen con cualquier objetivo que busquen los imputados. Es por esto, que bien vale que lo mejor de este pueblo, permanezca unido para enfrentar fenómenos sociales como el sicariato y la delincuencia. 
     
Nunca sería posible haber permanecido en estos casi tres años de proceso, llevando la cabeza en alto, sino fuera, por la ayuda de Dios que siempre ha estado presente y por el estímulo decidido y constante de lo mejor de la sociedad dominicana, quien nos ha permitido seguir adelante día a día que transcurrió desde el mismo hecho. Sólo el Todopoderoso, sería capaz de emitir tanta gracia, a pesar de las duras pruebas para mantenernos firmes en todo momento.
     
Si todo cuanto hemos pasado como familia puede servir para que la espera se defina en una decisión ejemplar y útil para la sociedad, bien habrá servido todo el esfuerzo y sacrificio durante todos estos años.                              

Que nosotros, como familia, sea la última que tenga que pasar todo este trauma y trajinar, en la tentativa y en el proceso.  

Que nuestra experiencia no sea sufrida, siquiera por aquellos que se dejaron utilizar como instrumento de la maldad del principal imputados y los demás, para hacer más tedioso el camino.          

Que todo se defina en un resultado positivo como puede ser una sentencia de condena y que para ello, el Creador pueda llenar de sabiduría a los juzgadores que una vez a solas con su máxima experiencia lógica y conciencia, puedan emitirla cómo una respuesta en contra de quienes se apartaron de lo correcto y las normas de bien.  Que sea un buen mensaje para los hombres y mujeres de este pueblo de buena voluntad y una sanción para quienes pretenden ampararse detrás de la ley y la moral, para llevar a cabo sus más bajos instintos y prejuicios.

Que Dios siga haciendo su obra.