lunes, junio 02, 2014

Mis reflexiones a los 4 años de la tentativa de asesinato contra mi hijo Jordi


  1. El padre o la madre que por cualquier eventualidad de la vida un hijo o hija resulte víctima de una acción criminal, debe prepararse para sufrir todos los pesares, sin importar que, como causa del operativo delincuencial, su descendiente muera o sobreviva; si muere, el dolor será imperecedero; si conserva la vida, el sufrimiento será punzante. Desde el mismo instante que ocurrió la tentativa de asesinato contra mi hijo Jordi, he tenido que llevar ese hecho sobre mis hombros y conciencia.
  2. El primer martirio para mi fue la noticia del acto criminal; luego la incertidumbre de si moría o quedaba con vida durante el tiempo que permaneció en el quirófano; después la duda de si perdía la visión en uno o en sus dos ojos; posteriormente la incertidumbre de si quedaba o no con lesiones permanentes en su cuerpo que imposibilitarían su movilidad, en fin, si llegaría a poder ingerir alimentos sólidos o sólo líquidos.
  3. Todo lo anterior fue acompañado del desasosiego que viví durante el tiempo que duró la investigación judicial y policial; y la campaña difamatoria de los sicarios morales para herir moralmente a Jordi, a mi y a la familia entera; pero mi suplicio no terminó con el descubrimiento de los autores de la acción criminal. Ha continuado ante los tribunales.
  4. Si lacerante fue la noticia con relación al atentado a Jordi, el tormento por saber cuál sería el resultado de su futuro estado físico y de salud, y soportar la sucia campaña difamatoria; peor ha sido lo que he tenido que padecer con los gestos y palabras en las salas de audiencias de los tribunales, donde he estado presente, cumpliendo con mi responsabilidad como padre de Jordi, escuchando palabras salidas de las gargantas de abogadas y abogados que en lugar de tratar de convencer a los jueces de la inocencia de sus defendidos, lo que buscan es justificar la acción criminal contra mi hijo, procurando herirme, fastidiarme y, de cualquier forma, hacerme sentir mal como persona y padre de Jordi.
  5. En mi condición de padre de Jordi, he tenido que revestirme de paciencia y calma; abrazar la tolerancia y el aguante, para poder sobrellevar lo que me ha llegado como consecuencia de la acción criminal contra mi hijo.
  6. Mi deseo es que si de algo puede servir el caso de mi hijo Jordi, sea para que los padres y las madres del país luchen por todas las vías para que la criminalidad no llegue a sus hogares; porque si por cualquier eventualidad uno de sus hijos o hijas es víctima de un acto criminal, de seguro que sus vidas se van a transformar; desaparecerá la paz en el seno familiar; en lo adelante todo será tormento, aflicción, inquietud e incertidumbre.
  7. No escapa a mi conocimiento que ante los tribunales, el caso de mi hijo ha servido para que aquellos que me adversan por cuestiones de naturaleza política e ideológica, celo profesional, malquerencia o aversión gratuita, hayan encontrado en los estrados el lugar ideal para darle riendas sueltas a sus cerebros preñados de mezquindades, prejuicios y resentimientos.
  8. Pero poco importa, no tengo alternativa. Soy el escudo de mis hijos y debo cumplir con mi función de resguardarlos; una agresión física o moral a uno cualquiera de ellos la tomo para mi. El cometido con mi familia no tiene límites.
  9. El proceso judicial del caso de mi hijo, de cuyo hecho se cumplen hoy 4 años, está ante la jurisdicción de juicio. Con profundo dolor he escuchado la trama y ejecución criminal de la que fue víctima Jordi, y el calvario que para él ha significado el atentado en su contra y sus consecuencias. Porque Jordi y mi familia entera está hecha de un material humano que no guarda rencor ni anida amarguras; estamos esperando la decisión del tribunal con la creencia de que, a la luz de las pruebas que se han aportado, la sociedad va a recibir con satisfacción y sentido de justicia, la sentencia condenatoria contra el que pagó, y los que organizaron y ejecutaron la tentativa de asesinato.
  10. Debo reconocer que la tentativa de asesinato contra mi hijo Jordi, me ha resultado menos pesada porque desde el mismo instante que ocurrió el hecho he recibido el calor solidario de lo mejor del país, de lo más sano y sensible de la sociedad dominicana, lo que me ha llegado a lo más profundo de mi corazón, y ha sido altamente valorado por Jordi y toda la familia.