lunes, junio 21, 2010

Jordi Veras New York 21 Junio 2010



José Jordi Veras Rodríguez
El abogado y comunicador oriundo de Santiago en la República Dominicana, Jordi Veras dio sus declaraciones del frustrado atentado terrorista en su contra para quitarle la vida.

Santiago, una de las ciudades más hermosas de la República Dominicana, está plaga de delincuencia, sicarios, narcotráficos, y todos confluyen en empresas de asociaciones de criminales. Barrio Seguro es una quimera de la cruenta realidad que deben enfrentar los santiagueros en su diario vivir.

El abogado Jordi Veras, es un milagro viviente de la sangrienta ola de crímenes producto del narcotráfico y sus derivados. En rueda de prensa ofrecida en la ciudad de Nueva York, donde oftalmólogos especialistas trabajan en completar el trabajo medico iniciado por médicos en la República Dominicana, tratan de salvarle la vista.

Jordi, al lado de su esposa, quien le tomaba las manos con cariño, relató los aterradores sucesos del que fuera víctima, en medio de desconcertantes declaraciones del secretario de lo Interior y Policía, Franklin Almeyda Rancier, de que el gobierno había desmantelado redes de narcotráfico del crimen organizado. Siendo él la prueba viviente de la cruenta realidad.

Al llegar a su centro de trabajo en horas de la mañana llevaba en las manos informaciones para tratar el tema del sicariato en Santiago. Al entrar al estacionamiento sintió dos disparos, pero no sintió dolor. Un fuerte sonido, se fue de lado, en el automóvil, y sintió la muerte a su lado.

Sus extremidades superiores no respondían. Dijo el abogado Veras que escuchaba a la gente hablar, se acercaban al vehiculo accidentado e intentaban ayudarlo. ¡Era como estar en un ataúd, pero escuchar a la gente a mi alrededor!.

Con palabras emotivas, producto del recién atentado terrorista, Jordi dijo que sentía la muerte a su diestra, a Dios en el centro y a su madre en el lado izquierdo. ¡Dios, no me dejes morir!, pedía Jordi en su agonía.

Como no movía ningunas de sus extremidades, pidió que le ayudaran a levantar el brazo para abrir la puerta del automóvil. Le pidió a Randi, un amigo, que no lo dejara morir. Sentía la sangre y sabia que estaba vivo. Inmediatamente le decía a Randi que era alérgico a la aspirina, para cuando lo llevaran a la clínica no cometieran algún error.

Un buen samaritano, uno de los que identificó a unos de los sicarios, lo abrazó. Pensaba buscar un arma para defenderse. Randi iba manejando hacia el centro medico.

Los médicos sintieron pavor cuando me vieron. El tiro entro por un lado del cuello y se alojó del otro lado. El segundo disparo entro por el lado de la cara y salio por la frente.

La bala del cuello no tocó la vena aorta por suerte, al alojarse evitó que se desangrara. Con el tiro debajo del pómulo debió brotar el ojo. Dio gracias a Dios por estar vivo y por no quedar completamente vivo. Varias operaciones en la República Dominicana y el resto en los Estados Unidos.

Morfológicamente el ojo derecho está intacto. Pero con el impacto de la salida de la bala, las fibras del nervio óptico fueron quemadas las partes que le permite tener visión. Los médicos le colocaron implantes en la orbita de los ojos. Pero la visión no ha regresado y clínicamente no le pueden asegurar que volverá a ver.

Tengo fe en Dios que volveré a ver. Y si no regresa mi visión, seguiré viviendo. No miraré hacia atrás. Si Dios me decide que haga mi trabajo con un ojo, lo haré. Si ese es el sacrificio que mi familia tiene que pagar, y que mi caso sea tomado como ejemplo en la sociedad dominicana, yo tomaré el sacrificio.

La violencia y la empresa del sicariato es una verdad en Santiago. Jordi agradeció a los cientos de personas que le han dado su apoyo. Gente que hasta sin conocerle le han brindado apoyo.